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Gobierno de Arabia Saudita - Historia

Gobierno de Arabia Saudita - Historia

ARABIA SAUDITA

Arabia Saudita es una monarquía absoluta. El Rey gobierna con el apoyo de la extensa familia real.
GOBIERNO ACTUAL
ReySaud, FAHD, bin Abd al-Aziz Al
primer ministroSaud, FAHD, bin Abd al-Aziz Al
Primera Dep. Prime Min.Saud, ABDALLAH, bin Abd al-Aziz Al
Segundo Dep. Prime Min.Saud, SULTAN, bin Abd al-Aziz Al
Min. de agriculturaBalghunaym, Fahd bin Abd al-Rahman bin Sulayman
Min. del Servicio CivilFayiz, Muhammad bin Ali
Min. de Comercio e IndustriaYamani, Hashim bin Abdallah bin Hashim
Min. de Tecnologías de la Información y las ComunicacionesMulla, Muhammad bin Jamil bin Ahmed
Min. de Cultura e InformaciónFarsi Fuad Abd al-Salam
Min. de Defensa y AviaciónSaud, SULTAN, bin Abd al-Aziz Al
Min. de Economía y Planificaciónghusaybi, Khalid bin Muhammad
Min. de EducaciónRashid, Muhammad Ahmad al-
Min. de FinanzasAsaf, Ibrahim Abd al-Aziz al-
Min. de Relaciones ExterioresSaud, SAUD al-FAYSAL, bin Abd al-Aziz Al
Min. de saludManei, Hamad bin Abdallah al-
Min. de educación superiorAngari, Khalid bin Muhammad al-
Min. de InteriorSaud, NAYIF, bin Abd al-Aziz Al
Min. de Orientación IslámicaSheij, Salih bin Abd al-Aziz bin Muhammad bin Ibrahim
Min. de JusticiaShaykh, Abdallah Muhammad Ibrahim Al al-
Min. de Trabajo y Asuntos SocialesNamla, Ali bin Ibrahim
Min. de Asuntos Municipales y RuralesSaud, MITIB, bin Abd al-Aziz Al
Min. de Petróleo y Recursos MineralesNaimi, Ali Ibrahim
Min. de Asuntos de Peregrinación y Fideicomisos ReligiososMadani, Iyyad bin Amin
Min. de transporteSuraysri, Jubara bin Eid al-
Min. de Agua y ElectricidadQusaybi, Ghazi bin Abd al-Rahman al-
Min. de EstadoAlaqi, Madani bin Abd al-Qadir al-
Min. de EstadoAssaf, Ibrahim bin Muhammad al-, Dr.
Min. de EstadoAyban, Musaid bin Muhammad al-
Min. de EstadoJihani, Ali bin Talal al-, Dr.
Min. de EstadoKhuwaytir, Abd al-Aziz bin Abdallah al-
Min. de EstadoMani, Abd al-Aziz bin Ibrahim al-
Min. de EstadoNafisa, Mutalib bin Abdallah al-
Min. de EstadoSaud, ABD AL-AZIZ, bin Fahd bin Abd al-Aziz Al
Min. de EstadoSheij, Muhammad bin Abd al-Aziz al-
Min. de EstadoZaynal, Abdallah bin Ahmad bin Yusif
Pres. del Consejo Superior de UlemaSheij, Abd al-Aziz Abdallah al-
Gobernador, Agencia Monetaria de Arabia SauditaSayyari, Hamad al-
Embajador en los Estados UnidosSaud, BANDAR, bin Sultan bin Abd al-Aziz Al
Representante Permanente ante la ONU, Nueva YorkShubukshi, Fawzi bin Abd al-Majid al-


Arabia Saudita

Arabia Saudita, oficialmente el Reino de Arabia Saudita, es un país de Asia Occidental que constituye la mayor parte de la Península Arábiga. Con una superficie de aproximadamente 2.150.000 km2 (830.000 millas cuadradas), Arabia Saudita es geográficamente el estado soberano más grande de Asia occidental, el segundo más grande del mundo árabe (después de Argelia), el quinto más grande de Asia y el duodécimo. más grande del mundo. Arabia Saudita limita con Jordania e Irak al norte, Kuwait al noreste, Qatar, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos al este, Omán al sureste y Yemen al sur; está separada de Egipto e Israel por el Golfo de Aqaba. Es el único país con una costa en el Mar Rojo y una costa en el Golfo Pérsico, y la mayor parte de su terreno consiste en áridos desiertos, tierras bajas y montañas.


Arabia Saudita: Historia

Como unidad política, Arabia Saudita es de creación relativamente reciente. Sus orígenes se encuentran en el movimiento puritano wahabí (siglo XVIII), que se ganó la lealtad de la poderosa familia Saud del Nejd, en el centro de Arabia. Con el apoyo de un gran número de seguidores beduinos, los Saud pusieron la mayor parte de la península bajo su control, excepto Yemen y Hadhramaut en el extremo sur. El movimiento wahabí fue aplastado (1811-18) por una expedición egipcia dirigida por los hijos de Muhammad Ali. Después de revivir a mediados del siglo XIX, los wahabíes fueron derrotados en 1891 por la dinastía Rashid, que ganó el control efectivo de Arabia central.

Fue Abd al-Aziz ibn Saud, conocido como Ibn Saud, descendiente de los primeros gobernantes wahabíes, quien sentó las bases del actual estado de Arabia Saudita. Comenzando la reconquista wahabí a principios de siglo, Ibn Saud tomó Riad en 1902 y fue dueño del Nejd en 1906. En vísperas de la Primera Guerra Mundial conquistó la región de Al-Hasa de los turcos otomanos y pronto extendió su control sobre otras areas. Entonces estaba listo para la conquista del Hejaz, gobernado desde 1916 por Husayn ibn Ali de La Meca. El Hejaz cayó ante Saud en 1924–25 y en 1932 se combinó con el Nejd para formar el reino de Arabia Saudita, una monarquía absoluta, gobernada bajo la ley islámica. En gran parte del país, el rey Ibn Saud obligó a los beduinos a abandonar las formas tradicionales y alentó su asentamiento como agricultores.

El petróleo fue descubierto en 1936 por la Arabian Standard Oil Company, de propiedad estadounidense, que más tarde se convirtió en Arabian American Oil Company (Aramco). La producción comercial comenzó en 1938. Arabia Saudita es miembro fundador de las Naciones Unidas. Se unió a la Liga Árabe en 1945, pero jugó solo un papel menor en las guerras árabes con Israel en 1948, 1967 y 1973. Un acuerdo con los Estados Unidos en 1951 preveía una base aérea estadounidense en Dhahran, que se mantuvo hasta 1962. Ibn Saud murió en 1953 y fue sucedido por su hijo mayor, Saud, quien pronto pasó a depender de su hermano, el príncipe heredero Faisal (Faisal bin Abd al-Aziz al-Saud), para administrar los asuntos financieros y exteriores.

El rey Saud apoyó en un principio al régimen de Nasser en Egipto, pero en 1956, en oposición a Nasser, entabló estrechas relaciones con los gobernantes hachemitas de Jordania e Irak, hasta entonces enemigos tradicionales de los saudíes. Se opuso a la unión en 1958 de Egipto y Siria como República Árabe Unida y se convirtió en un enemigo acérrimo del panarabismo y el programa de reformas de Nasser. Cuando, en septiembre de 1962, revolucionarios pro-Nasser en el vecino Yemen depusieron al nuevo imán y declararon una república, el rey Saud, junto con el rey Hussein de Jordania, envió ayuda a las tropas realistas. La familia saudí depuso a Saud y el príncipe Faisal se convirtió en rey en noviembre de 1964.

Las relaciones con Egipto se cortaron en 1962, pero después de la derrota de Egipto por Israel en junio de 1967, se llegó a un acuerdo entre el rey Faisal y el presidente Nasser. Según el acuerdo, el ejército egipcio debía retirarse de Yemen y Arabia Saudita debía dejar de ayudar a los realistas yemeníes. En 1970, Arabia Saudita había retirado todas sus tropas y se reanudaron las relaciones con Yemen. Arabia Saudita también acordó dar 140 millones de dólares al año a Egipto y Jordania, que habían sido devastados en la guerra de 1967 con Israel. En vista de la retirada de Gran Bretaña de la zona del Golfo Pérsico, el rey Faisal siguió una política de amistad con Irán, al tiempo que alentaba a los jeques árabes que habían estado bajo el dominio británico a formar los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, el rey Faisal mantuvo derechos sobre los oasis de Buraimi, que también fueron reclamados por el jeque de Abu Dhabi.

En 1972, el gobierno de Arabia Saudita exigió un control más estricto de su industria petrolera, así como la participación en las concesiones petroleras de empresas extranjeras. Aramco (un conglomerado de varias compañías petroleras estadounidenses) y el gobierno llegaron a un acuerdo en junio de 1974, por el cual los saudíes tomarían una propiedad mayoritaria del 60% de las concesiones y activos de la compañía. El concepto de participación fue desarrollado por el gobierno de Arabia Saudita como una alternativa a la nacionalización. El rey Faisal jugó un papel activo en la organización del embargo petrolero árabe de 1973, dirigido contra Estados Unidos y otras naciones que apoyaron a Israel a medida que los precios del petróleo estadounidenses se disparaban y los ingresos sauditas aumentaban. Las relaciones con Estados Unidos mejoraron con la firma (1974) de acuerdos de alto el fuego entre Israel y Egipto e Israel y Siria (ambos mediados por el secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger) y por la visita (junio de 1974) del presidente Richard M. Nixon a Jidda.

Como resultado del aumento de la riqueza de Arabia Saudita, su búsqueda de estabilidad y sus mejores relaciones con las naciones occidentales, el país comenzó una extensa acumulación militar en la década de 1970. El 25 de marzo de 1975, el rey Faisal fue asesinado por su sobrino el príncipe Faisal. El príncipe heredero Khalid (Khalid bin Abd al-Aziz al-Saud) se convirtió en el nuevo rey, enfatizando la ortodoxia islámica y el conservadurismo mientras expandía la economía del país, sus programas sociales y sus estructuras educativas. Arabia Saudita denunció el acuerdo de 1979 entre Israel y Egipto y puso fin a las relaciones diplomáticas con Egipto (desde que se renovó). Los líderes sauditas se opusieron tanto a los movimientos de izquierda como a los radicales que estaban creciendo en todo el mundo árabe, y en la década de 1970 enviaron tropas para ayudar a sofocar las revoluciones de izquierda en Yemen y Omán.

Los intereses religiosos sauditas se vieron amenazados por la caída del sha de Irán en 1979 y por el crecimiento del fundamentalismo islámico. En noviembre de 1979, fundamentalistas musulmanes que pedían el derrocamiento del gobierno saudí ocuparon la Gran Mezquita de La Meca. Después de dos semanas de lucha, el asedio terminó, dejando un total de 27 soldados saudíes y más de 100 rebeldes muertos. Posteriormente, sesenta y tres rebeldes más fueron decapitados públicamente. En 1980, los musulmanes chiítas lideraron una serie de disturbios que fueron sofocados por el gobierno, que prometió reformar la distribución de la riqueza saudí. Arabia Saudita apoyó a Irak en la Guerra Irán-Irak a lo largo de la década de 1980. En mayo de 1981, se unió a las naciones del Golfo Pérsico en la formación del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para promover la cooperación económica entre los países participantes. Khalid murió en junio de 1982 y fue sucedido por su medio hermano, el príncipe Fahd bin Abdul Aziz.

A principios de la década de 1980, Arabia Saudita había adquirido la plena propiedad de Aramco. El apoyo saudita a Irak en la guerra Irán-Irak se volvió cada vez más problemático a mediados de la década de 1980 cuando las amenazas de Irán, especialmente con respecto a los intereses petroleros, casi llevaron a que los saudíes se enredaran en la guerra. Los peregrinos iraníes se amotinaron en La Meca durante el hajj en 1987, provocando enfrentamientos con las tropas de seguridad sauditas. Murieron más de 400 personas. Este incidente, junto con los ataques navales iraníes contra barcos saudíes en el Golfo Pérsico, hizo que Arabia Saudita rompiera relaciones diplomáticas con Irán.

Cuando Irak invadió Kuwait en agosto de 1990, el rey Fahd acordó el estacionamiento de tropas de la coalición estadounidense e internacional en suelo saudí. Miles de tropas sauditas participaron en la Guerra del Golfo Pérsico (1991) contra Irak. El país acogió a la familia real de Kuwait y a más de 400.000 refugiados kuwaitíes. Aunque se produjeron pocos combates terrestres en Arabia Saudita, las ciudades de Riad, Dhahran y las zonas periféricas fueron bombardeadas con misiles iraquíes. Las tropas de la coalición abandonaron en gran parte Arabia Saudita a fines de 1991, quedando varios miles de soldados estadounidenses. En 1995 y 1996, los atentados terroristas con bombas en Riad y Dharan mataron a varios militares estadounidenses.

Después de la Guerra del Golfo, el rey Fahd volvió a una postura árabe conservadora, receloso de una mayor cooperación occidental. Las reformas instituidas a raíz de la Guerra del Golfo incluyeron la reactivación del Consejo Consultivo, o Shura, con derecho a revisar pero no invalidar los actos del gobierno, la promulgación de una declaración de derechos y una revisión de los procedimientos para elegir al rey. Sin embargo, estas medidas dejaron prácticamente intacto el poder de la familia real. En 1995, el rey creó un Consejo Supremo de Asuntos Islámicos, compuesto por miembros de la familia real y otras personas designadas, en un aparente esfuerzo por establecer un contrapeso al Consejo de Ulemas, un cuerpo asesor de teólogos musulmanes altamente conservadores.

A fines de la década de 1990, el príncipe heredero Abdullah, medio hermano del rey y heredero al trono desde 1982, se convirtió efectivamente en el gobernante del país debido a la mala salud del rey Fahd. Bajo el príncipe heredero, el país estaba más abiertamente frustrado y crítico con el apoyo de Estados Unidos a Israel. En 2000 se firmó un tratado con Yemen que puso fin a las disputas fronterizas que datan de la década de 1930 y, a principios del año siguiente, ambas naciones retiraron sus tropas de la zona fronteriza en cumplimiento del pacto.

El gobierno saudí restringió el uso de bases estadounidenses en el país durante las invasiones lideradas por Estados Unidos de Afganistán (2001) e Irak (2003), y en septiembre de 2003, todas las fuerzas de combate estadounidenses fueron retiradas del país. También en 2003, un decreto otorgó al Consejo Consultivo la autoridad para proponer nuevas leyes sin antes solicitar su permiso. La medida fue quizás impulsada en parte por raras protestas a favor de la reforma del gobierno. El reino también fue sacudido por incidentes violentos, incluido un ataque masivo con coche bomba contra un complejo residencial en Riad, que involucró a militantes islámicos. Estos ataques terroristas continuaron en 2005.

El país celebró elecciones para los consejos municipales entre febrero y abril de 2005, lo que permitió a los votantes (solo hombres) elegir a la mitad de los miembros del consejo, mientras que el resto de los miembros aún estaban designados. El rey Fahd murió en agosto de 2005 y fue sucedido por Abdullah. En noviembre de 2009, los enfrentamientos en el norte de Yemen se extendieron a Arabia Saudita cuando rebeldes chiítas yemeníes (hutíes) cruzaron la frontera. Las fuerzas sauditas lucharon contra los rebeldes y trataron de expulsarlos de regreso a Yemen y lejos de la frontera, el conflicto terminó en febrero de 2010, con los rebeldes retirados a Yemen (y allí se estableció una tregua).

A principios de 2011, Arabia Saudita experimentó protestas antigubernamentales de relativamente pequeña escala en comparación con otras naciones árabes, y en ocasiones fueron duramente reprimidas en muchas manifestaciones en las que participaron chiítas. Las protestas y los enfrentamientos continuaron en grado limitado en 2012. Las fuerzas sauditas también ayudaron a reprimir las manifestaciones contra el gobierno en la vecina Bahrein. Al mismo tiempo, el gobierno derrochó fondos en bonificaciones para empleados del gobierno, viviendas para personas de bajos ingresos y organizaciones religiosas. Más adelante en el año, el rey anunció que a las mujeres, que han tenido derechos civiles limitados en el país, se les permitiría participar en las elecciones municipales después de 2011 y formarían parte del Consejo Consultivo.

El rey Abdullah murió en enero de 2015 y fue sucedido por el príncipe heredero Salman, su medio hermano. Las fuerzas sauditas han liderado ataques aéreos árabes contra los rebeldes hutíes y sus aliados en Yemen desde que el presidente de Yemen se vio obligado a huir del país en marzo de 2015. Posteriormente, a medida que continuaba la guerra, también hubo enfrentamientos a lo largo de la frontera entre Arabia Saudita y Yemen, así como navales y bloqueos aéreos de Yemen, ataques con misiles balísticos hutíes contra Arabia Saudita y un ataque con drones en 2019 contra instalaciones sauditas que Irán fue acusado de montar. La ejecución de Sheikh Nimr al-Nimr, un clérigo chiíta, como parte de la ejecución masiva de 47 prisioneros condenados en enero de 2016, fue condenada amargamente por Irán. Arabia Saudita luego rompió las relaciones diplomáticas con Irán.

En junio de 2017, el rey Salman nombró a su hijo Mohammed bin Salman príncipe heredero, en sustitución de su sobrino y ex heredero aparente Mohammed bin Nayef. El rey había nombrado previamente a su hijo ministro de Defensa y jefe de un consejo encargado de supervisar la economía. Arabia Saudita, junto con los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Egipto y algunas otras naciones, rompieron los lazos diplomáticos y económicos con Qatar en junio de 2017, acusándolo de apoyar a grupos yihadistas y desestabilizar la región. Qatar rechazó las acusaciones y demandas de las naciones. . En noviembre, una campaña anticorrupción llevó a la investigación de varios cientos de saudíes prominentes, muchos de los cuales pagaron grandes acuerdos y fueron indultados (aunque también permanecieron bajo vigilancia del gobierno). La campaña, que se declaró finalizada en enero de 2019, también se vio en parte. como un intento de Mohammed bin Salman, considerado el gobernante de facto del país, de consolidar su poder. El país también buscó ese mes para obligar al primer ministro del Líbano, Saad Hariri, a renunciar, en un posible intento de desacreditar a Hezbollah, y tomó medidas para reprimir a los disidentes en el país y en el extranjero.

El asesinato en octubre de 2018 del periodista saudí Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul, Turquía, llevó al gobierno turco a denunciar y desacreditar a los saudíes en repetidas ocasiones, ya que los saudíes primero negaron que se hubiera producido algún asesinato y luego cambiaron varias veces su opinión. historia sobre el asesinato antes de anunciar los arrestos en el caso. El asesinato provocó la indignación internacional y dañó la reputación del país y de Mohammed bin Salman. Los saudíes negaron que tuviera conocimiento del asesinato, pero los funcionarios turcos acusaron a varios de sus funcionarios de seguridad de estar involucrados, y una investigación de la ONU dijo (2019) que había evidencia creíble de la participación del príncipe heredero. En marzo de 2020, el hermano completo del rey y el ex príncipe heredero fueron arrestados, los dos fueron vistos como posibles rivales de la sucesión del príncipe heredero.

La enciclopedia electrónica de Columbia, 6ª ed. Copyright © 2012, Columbia University Press. Reservados todos los derechos.

Ver más artículos de la Enciclopedia sobre: Geografía política de la península arábiga


Política de Arabia Saudita

Contenido

Introducción

Arabia Saudita es una monarquía absoluta, con una ley básica, pero sin partidos políticos, sindicatos u otro tipo de asociación política. El sistema básico de gobierno del país, una alternativa a una constitución, se estableció en 1992, a raíz de numerosos pedidos de reforma política. La Ley Básica de Gobierno consta de 83 artículos, todos generados por un comité especial organizado por el Rey y el Ministro del Interior en ese momento. Los artículos se basan en la Sharia (ley islámica). La ley nombra el Corán, el libro sagrado musulmán, y la Sunnah, las enseñanzas y hechos del Profeta, como la fuente básica de gobierno.

No existe una división real entre los poderes de los tres poderes del gobierno: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.


La monarquía

El rey es el jefe de estado, el primer ministro y el comandante supremo. Combina funciones legislativas, ejecutivas y judiciales. Los reales decretos tienen la facultad de invalidar cualquier decisión judicial o administrativa. Si bien las tres autoridades del país están reconocidas como judiciales, ejecutivas y reguladoras, el Rey es el árbitro último de estas autoridades, con base en el artículo 44 de la Ley Básica de Gobernanza.

La familia real domina el gobierno y la mayoría de los puestos clave en el país están ocupados por miembros de la familia. La naturaleza autoritaria del gobierno limita estrictamente todas las asociaciones sin licencia o supervisión oficial.

Además del rey, que posee vastos poderes, algunos miembros influyentes de la familia real y el consejo superior de eruditos religiosos participan en la configuración de las decisiones políticas. Los eruditos religiosos mantienen un fuerte control sobre los asuntos internos.

De acuerdo con el artículo 5 de la Ley Básica de Gobierno, los gobernantes de Arabia Saudita serán elegidos entre los hijos del fundador, Ibn Saud (Rey Abdulaziz), y sus descendientes. El orden de sucesión al trono sigue la antigüedad agnática. Desde 2006, el Consejo de Lealtad (Hayat al-Baya), formado por los hijos supervivientes del rey fundador Ibn Saud, sus nietos cuyos padres han fallecido, están incapacitados o no quieren asumir el trono, y los hijos del rey, deciden la sucesión al trono. El Rey lleva el título de Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas (Khadim al-Haramain al-Sharifain) en La Meca y Medina, lo que enfatiza el estatus de Arabia Saudita en el mundo islámico.

La casa de Saud

los primer estado saudita se estableció en 1744, cuando Muhammad ibn Saud (fallecido en 1765), emir del oasis de Diriya en Najd (en el centro de la península) hizo un pacto con un reformador religioso de ese período, Muhammad ibn Abd al-Wahhab (fallecido en 1792 ). La unión tenía como objetivo crear un reino islámico gobernado por una interpretación estricta del Islam, frecuentemente referido como wahabismo. El primer estado saudí colapsó en 1818 bajo los ataques del Imperio Otomano, provocados por la expansión en curso de Al Saud / al-Wahhab en territorio bajo control otomano (Diriya fue borrada y nunca reconstruida). Sin embargo, el pacto entre las figuras religiosas y los Al Saud siguió vigente.

En seis años (en 1824), el segundo estado saudí fue establecido. Al final (en 1891), este estado se derrumbó luego de graves conflictos internos entre los emires de Al Saud y la presión de los otomanos y los emires rivales vecinos, lo que finalmente llevó al exilio del emir de Al Saud en Kuwait.

los tercer estado saudí se estableció en 1932, después de un período de treinta años de conquista territorial por Abdulaziz Al Saud (Ibn Saud 1876-1953), con el apoyo de Gran Bretaña, siempre y cuando sus propios intereses en las zonas costeras del Golfo Pérsico, en Omán y Yemen, fueron atendidos.

Abdullah bin Abdulaziz Al Saud (nacido en 1924) ascendió al trono en 2005 como el sexto rey de Arabia Saudita. Tras su muerte el 23 de enero de 2015, fue sucedido por su medio hermano Salman bin Abdulaziz Al Saud (nacido el 31 de diciembre de 1935).

El Ejecutivo

En teoría, el Consejo de Ministros actúa como el poder ejecutivo oficial del gobierno. En la práctica, todos los ministros son nombrados y destituidos por real decreto. Los ministros son nombrados cada cuatro años e incluyen a muchos miembros de la familia real. Actualmente hay 22 ministros de gobierno.

La Corte Real (al-Diwan al-Maliki) es la oficina del Rey bajo la cual se negocian importantes asuntos legislativos sometidos o iniciados por decretos reales. Las personas clave que afectan la legislación son miembros influyentes de la familia real, ministros, algunos asesores y miembros del consejo superior de eruditos religiosos. Los líderes tribales también pueden influir en los niveles más altos de toma de decisiones. Además, los ciudadanos pueden apelar a la corte real con respecto a asuntos en los que necesitan la ayuda del Rey, por ejemplo, para superar problemas burocráticos.

El difunto rey Fahd bin Abdulaziz promulgó la Ley del Consejo de Ministros en 1992. La ley identifica al Consejo de Ministros como la autoridad reguladora y al Rey como el Primer Ministro. La ley consta de nueve capítulos y 83 artículos. Los reales decretos nombran ministros, aceptan dimisiones y relevan de sus funciones a ministros y viceministros. Las funciones de los ministros están estipuladas en los artículos 57 y 58 de la Ley Básica de Gobierno. Las resoluciones de los procedimientos del Consejo de Ministros se vuelven definitivas después de la aprobación del Rey. Los ministros continúan en sus puestos durante cuatro años o hasta que el Rey los releve.

El artículo 24 de la Ley del Consejo de Ministros identifica al Consejo como la máxima autoridad ejecutiva, con plena jurisdicción sobre todos los asuntos ejecutivos y de gestión, incluido el seguimiento de la implementación de los reglamentos, estatutos y resoluciones que crean y organizan instituciones públicas de seguimiento la implementación del plan general de desarrollo, y la formación de comités para la supervisión de los ministros y agencias gubernamentales & # 8217 conducta de negocios.

El legislativo

La legislatura unicameral se llama Majlis al-Shura (consejo consultivo), que tiene 150 miembros y un presidente, todos nombrados por el monarca por períodos de cuatro años, la mitad de los cuales al menos deben ser nuevos miembros.

El Majlis al-Shura pasó por varias etapas antes de que se estableciera su estructura actual. El fundador, el rey Ibn Saud, pidió la creación del Majlis cuando entró en La Meca en 1924. Modestamente estructurado, el Majlis al-Shura se ha formado a lo largo de los años bajo una Ley Básica con un pequeño número de asesores que no exceden los doce. La fundación del Consejo de Ministros en 1953 distribuyó las funciones del antiguo Majlis al-Shura entre varios ministerios y administraciones. Al final, el consejo quedó con poder y eficacia limitados hasta que el rey Fahd bin Abdulaziz promulgó la Ley Básica del Majlis al-Shura en 1992.

La ley describe en 30 artículos las funciones básicas de los comités del consejo y las reglas para los debates de la sala. El Rey tiene el poder de reestructurar y disolver el Majlis cuando lo considere apropiado. Inicialmente, el Majlis al-Shura tenía 60 miembros y un orador, y se amplió gradualmente a 120 miembros y ahora a 150 miembros elegidos por el Rey. Hay doce comités en el Majlis al-Shura / Majlis, que se ocupan de los derechos humanos, la educación, la cultura, la información, la salud y los asuntos sociales, los servicios y los servicios públicos, las relaciones exteriores, la seguridad, la administración, los asuntos islámicos, la economía y la industria, y finanzas.

Doce mujeres miembros sirven como asesoras a tiempo parcial en el consejo actual, pero, en 2011, el rey Abdullah permitió que las mujeres fueran nombradas miembros de pleno derecho en el próximo mandato, en 2013.

La función principal del Majlis al-Shura es asesorar al Rey sobre cuestiones de política, ya sean nacionales o internacionales y sobre tratados. La discusión de políticas puede iniciarse en el consejo en respuesta a una orden real o un llamado de miembros o ciudadanos. Una resolución del consejo se hace oficial por mayoría y luego se envía al Primer Ministro (el Rey o su adjunto) para que la considere el Consejo de Ministros. Si ambos consejos (el Consejo Asesor y el Consejo de Ministros) acuerdan una decisión, la resolución se enviará al Rey para su aprobación. En caso de desacuerdo, el Rey decide qué es lo apropiado. Se necesitan al menos diez miembros del Majlis al-Shura para proponer una ley, una política o un proyecto de enmienda. Las leyes, los tratados y convenios internacionales y las concesiones son estudiadas por el Majlis, promulgadas y modificadas por real decreto y publicadas en el Boletín Oficial (al-Jarida al-rasmiya) antes de que entren en vigor.

El judicial

El sistema judicial de Arabia Saudita se basa en la Sharia (ley islámica). El artículo 46 de la Ley Básica de Gobernanza identifica al poder judicial como una autoridad independiente. Las decisiones de los jueces no están sujetas a ninguna autoridad que no sea la jurisdicción islámica. En realidad, sin embargo, el Rey tiene la facultad de intervenir y afectar cualquier procedimiento judicial a través de reales decretos.

El Consejo Supremo de Justicia representa al poder judicial del gobierno. Está formado por doce jueces, todos nombrados por el Rey, de acuerdo con las recomendaciones de los miembros del consejo. El Rey actúa como último recurso de apelación y tiene el poder de perdonar. El Consejo Supremo está facultado para nombrar, promover y transferir jueces.

El sistema judicial saudita consta de cuatro niveles de tribunales. Los más numerosos y básicos son los Tribunales de la Sharia, que conocen la mayoría de los casos en el sistema legal. En el segundo nivel se encuentran los Juzgados Generales, que se pronuncian sobre causas penales, acciones extracontractuales, asuntos de derecho personal y familiar e inmobiliario. En el tercer nivel, las demandas civiles a menudo se presentan en las oficinas de las gobernaciones y # 8217 para resolver disputas a través del arbitraje. Si esto falla, los casos se presentan ante los tribunales. El Tribunal de Apelación es el cuarto y último nivel de tribunales. Tres o más jueces resuelven, por decisión mayoritaria, las disputas presentadas. La Junta de Quejas formales conoce los casos que involucran al gobierno. La tercera rama del sistema legal comprende los diversos comités dentro de los ministerios gubernamentales y las Cámaras de Comercio, que se pronuncian sobre disputas legales específicas, como cuestiones laborales.

Gobierno local

Arabia Saudita está dividida en trece provincias, cada una de las cuales se divide en gobernaciones, que, a su vez, se dividen en municipios. Las trece provincias son La Meca (Makka), Riad, la Provincia Oriental (al-Mintaqah al-Sharqiya o al-Sharqiya), Asir, Medina (al-Madina), Jazan, al-Qassim, Tabuk, Hail, Najran, al- Jawf, al-Baha y la provincia de las fronteras del norte (Mintaqat al-Hudud al-Shamaliya).

Un real decreto de 1992 promulgó la Ley de Provincias. Cada provincia es administrada por un gobernador y un diputado, que es nombrado por real decreto por recomendación del Ministro del Interior. La mayoría de los gobernadores y sus diputados son miembros de la familia real. El gobernador rinde cuentas al ministro del Interior. El gobernador y su adjunto se encargan de los asuntos administrativos de sus respectivas provincias, de acuerdo con el artículo 7 de la Ley de Provincias. La mayoría de las oficinas provinciales están abiertas al público periódicamente cuando los miembros de la comunidad local pueden presentar sus solicitudes y apelaciones al gobernador para que las revise o intervenga.

En 2005, se celebraron elecciones locales en 178 municipios para la mitad de los escaños del consejo municipal. Solo los ciudadanos varones mayores de 21 años podían votar y presentarse a las elecciones. En 2011, el rey Abdullah anunció que las mujeres podrían presentarse y votar en las próximas elecciones municipales de 2015. La administración de toda la gobernanza municipal depende del Ministerio de Asuntos Municipales y Rurales.

Partidos politicos

El ejército saudí

La enorme cantidad de dinero que Arabia Saudita gasta en sus fuerzas armadas significa que el país tiene una de las fuerzas armadas mejor equipadas de la región. Su participación en la guerra civil de Yemen al frente de una coalición internacional ha dado a sus fuerzas una valiosa experiencia en el frente. Sin embargo, su fracaso en derrotar a los rebeldes hutíes también ha planteado preguntas sobre cuán efectiva es la fuerza de combate del ejército saudí.

En 2019, Arabia Saudita ocupó el puesto 25 de 137 países incluidos en la revisión anual de GFP. Ese año, el número de personas que alcanzaron la edad militar se estimó en 583,161 efectivos, mientras que el gasto militar se estimó en $ 70 mil millones. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, en 2018, el gasto militar representó el 8,8 por ciento del PIB en comparación con el 10,3 por ciento en 2017 y el 9,9 por ciento en 2016.

El ejército saudí participó en combate aéreo por primera vez durante la Primera Guerra del Golfo (1991), cuando un piloto saudí que volaba en un McDonnell Douglas F-155 Eagle detectó y derribó dos aviones Dassault Mirage iraquíes, que habían cruzado a territorio saudí, utilizando el sistema de control y advertencia aerotransportado (AWACS) de fabricación estadounidense. Para aquellos que presenciaron el evento, las capacidades militares tecnológicas avanzadas de los saudíes y su capacidad para luchar dentro de las coaliciones fueron claras. Sin embargo, también mostró la dependencia del país del apoyo militar extranjero, que comenzó mucho antes de 1991 y continúa hasta el día de hoy.

El primer conflicto "internacional" más grande en el que participaron las fuerzas armadas saudíes fue la lucha entre las fuerzas del gobierno yemení y los rebeldes hutíes en 2009, que supuestamente incluyó pequeñas incursiones de tropas terrestres y ataques aéreos de cazabombarderos F-15. Los informes sugirieron que las tropas terrestres saudíes se encontraron con una fuerte resistencia de los hutíes, lo que provocó pérdidas saudíes sustanciales, aunque no confirmadas.

Las tropas sauditas entraron en Bahréin en 2011, bajo los auspicios del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), junto con fuerzas de los Emiratos Árabes Unidos, para apuntalar el gobierno del rey Hamad contra una campaña principalmente chií para la democratización, los saudíes permanecen allí hasta el día de hoy. .

En 2014, Arabia Saudita comprometió modestas fuerzas aéreas a la campaña aérea de la coalición contra el extremista Estado Islámico en Irak y Siria que comenzó en 2014.

En marzo de 2015, Arabia Saudita, al frente de una coalición de varios estados árabes, lanzó una campaña de ataques aéreos contra los rebeldes chiítas hutíes. Se alió a las tropas del ex presidente yemení Ali Abdullah Saleh con la intención de traer de vuelta el régimen del presidente Abd Rabbuh Mansour Hadi a Sanaa.

Frente a la ofensiva Houthi apoyada por Saleh, Hadi huyó del país en busca de seguridad en Arabia Saudita y solicitó ayuda internacional para restaurar su gobierno.

El gobierno saudí acusó a Irán de apoyar a los rebeldes para extender su influencia en la Península Arábiga. Sin embargo, después de tres meses de bombardeos, el liderazgo saudí no ha alcanzado sus objetivos.

Índice Número Puesto entre 137
Personal militar total 230,000 -
Personal activo 230,000 -
Personal de reserva 0 -
Fuerza total de la aeronave 848 12
Avión de combate 244 12
Aviones de ataque 325 9
Aviones de transporte 49 16
Fuerza total del helicóptero 254 18
Instructores de vuelo 207 12
Tanques de combate 1,062 24
Vehículos blindados de combate 11,100 4
Proyectores de cohetes 122 29
Activos navales totales 55 -
Fragatas 7 -

Fuerza militar de Arabia Saudita en 2019. Fuente: Revisión de GFP.

Oil revenues have always permitted the Saudi government to equip the armed forces with advanced, expensive weaponry, be it aircraft, naval vessels or main battle tanks. However, as all this equipment has to be incorporated into units and personnel has to be trained, foreign militaries that already use the equipment and support personnel of the related arms industry have to work closely with the Saudi government. There are also continual rumors of corruption surrounding the massive arms deals and related deals with contractors.

Like other Arab armed forces, especially those of the GCC, the recruitment of technologically sophisticated personnel is difficult because of shortcomings in the country’s educational system. According to analysts of the Washington, D.C.-based think tank, the Centre for Strategic and International Studies (CSIS), the demographic base is apparently too small to sustain the large armed forces.

According to CSIS, the Saudi regular armed forces total some 125,000 men, plus 100,000 in the Saudi Arabian National Guard. Paramilitary forces are estimated to have another 130,000 men in uniform: 30,000 in the Border Guard, 20,000 in the Drug Enforcement Agency, 25,000 in the Civil Defence Administration, 30,000 in the Special Emergency Forces, 10,000 in the Petroleum Installation Security Force, and some 10,000 in the Special Security Forces.

These figures do not add up to cumulative military power because organizations and units are specially tasked to keep an eye on each other to safeguard the status quo of the Kingdom.

The American military presence was reduced before 2003, first under the pressure of Bin Laden’s al-Qaeda and later because the Saudi government did not want to be involved in the invasion of Iraq. Nevertheless, American support elements, such as tankers, radar planes, and intelligence assets, still use the country’s extensive facilities. In 2013 it was revealed that US armed drones were stationed in the south of the country, presumably for surveillance and attack missions over Yemen, against al-Qaeda in the Arabian Peninsula (AQAP).

Royal Saudi Army and National Guard

Given the opaque nature of Saudi governance, it is difficult to obtain exact figures on the size of the Saudi armed forces. The Saudi army is estimated to have about 100,000 active service personnel. Its main equipment includes an estimated 1,000 tanks, including the late-version General Dynamics Land Systems Abrams M1A2. At the beginning of this decade, there was talk of a pending deal with the German government to purchase some 270 Krauss-Maffei-Wegmann (KMW) Leopard 2 tanks.

Germany suspended this deal after Riyadh executed 47 prisoners, including a respected Shiite cleric, in early 2016. However, Saudi Arabia showed interest in the acquisition of Pakistani Al-Khalid tanks, trials of which have already been conducted. There are estimated to be more than 3,000 armored personnel carriers.

The Saudi Arabian National Guard (SANG) is seen as a “Praetorian Guard,” consisting of well-paid and well-trained troops, forged out of tribes loyal to the monarchy, the Al Saud family. The SANG is tasked with the direct protection of the royal family and the country’s vital support systems, such as the oil infrastructure and the main religious sites. Its size can measure its relative importance: with an estimated 100,000 personnel, it is as large as the regular armed forces and is equipped with thousands of armored vehicles.

Royal Saudi Navy

The navy has an estimated 17,000 men, including some 4,000 marines. Although organizationally divided into western and eastern fleets, in the Red Sea and the Arabian Gulf, the Saudi naval forces seem especially positioned and projected against Iran’s.

The major surface vessels consist of three French-built al-Riyadh frigates, versions of La Fayette-class vessels, four French-built Medinah-class frigates, four US-manufactured Badr-class corvettes, and dozens of smaller patrol boats.

In December 2014, the US government notably approved the sale of Mark 41 (MK 41) vertical missile launchers, a system with which no vessel in Saudi service is currently compatible, triggering rumors that a contract for a new class of large-surface combatant vessels will soon see the light.

The large Iranian force of three Kilo-class medium-size and dozens of Iranian-built midget submarines is regularly cited as stirring Saudi interest in acquiring its own underwater capability. Dutch, German, and French submarine yards have in the past also been mentioned as potential providers of these costly systems. No concrete steps have so far been reported.

Royal Saudi Air Force

The Saudi air force has about 20,000 men in uniform – not to count an estimated 16,000 men in the separately organized Air Defence Force, with the latest model of Patriot missiles. The air force draws its inventory mainly from the United States and the United Kingdom. With more than 200 Boeing F-15s in interception and ground attack roles, the Saudi air force is the third-largest user of these planes, after the US and Japanese air forces. In the al-Yamamah and al-Salam programs, the UK sold the Kingdom some 80 Panavia Tornado bombers and 27 Eurofighter Typhoon fighter-bombers.

The support aircraft, including tankers and radar planes, match the cutting-edge quality of the fighters and bombers. But there is also criticism. CSIS concluded that the air force in the 1990s developed significant gaps that it is now struggling to plug. In a lengthy analysis, the think tank reported that “a lack of overall readiness, and poor aircrew and maintenance to aircraft ratios, severely reduced the effectiveness of its F-15s and Tornados”. Monthly training hours, CSIS continued, “for the F-15, dropped to 6 hours. They have since risen back to 9, but need to be 12-18. Long-range mission and refueling training also dropped sharply, but is slowly being brought up to standard”.

Supposedly, there was also a “failure to develop effective joint warfare capabilities, realistic joint warfare training capabilities, and transform joint warfare doctrine into fully effective war-fighting plans to support the land-based Air Defence Force, and the Army, National Guard, and Navy.”

This neatly illustrates that money will accomplish only so much.

Saudi Strategic Missile Force

The secrecy surrounding the Saudi missile force stationed in the south of the country has been gradually lifted. For example, commercially available satellite imagery contributed to revealing that the country had bought in the 1980s Chinese conventional Dong Feng-3 missiles with an estimated range of 2,500 km with a 2,000 kg warhead these are reported to suffer from poor accuracy. The missiles are meant as means of retaliation in case of escalating conflict with Iran or Israel.

In April 2014, one of the missile launchers, of which a few dozen are estimated to be operational, was publicly paraded. Photos of them appeared on a Saudi military web forum. Images of models of the DF3 and personnel of missile units also surfaced on social media. In 2007 another sale of Chinese missiles , in this case, the more accurate DF-21 was reported.

The Saudi-American deal

A week before American President Donald Trump made his first foreign trip to the Middle East in May 2017. The United States announced an arms deal with Saudi Arabia worth $110 billion. The White House described the deal as a long-term enhancement for Saudi and GCC security against the Iranian threats. The package included four frigates, the Terminal High Altitude Air Defence (THAAD) system, 150 Black Hawk helicopters, and precision-guided bombs. A month later, several American media described the deal as ‘fake news.’ According to the Brookings Institute, ‘there are many letters of interest or intent, but not contracts … None of the deals identified so far are new. All began in the Obama administration.’


Saudi Arabia: Islam's Heartland

Islam has profoundly affected the history and development of the Arabian Peninsula and the Kingdom of Saudi Arabia in particular.

In the 18th century, a religious scholar of the central Najd, Muhammad bin Abdul Wahhab, joined forces with Muhammad bin Saud, the ruler of the town of Diriyah, to bring the Najd and the rest of Arabia back to the original and undefiled form of Islam.

The Kingdom of Saudi Arabia is the heartland of Islam, the birthplace of its history, the site of the two holy mosques and the focus of Islamic devotion and prayer. Saudi Arabia is committed to preserving the Islamic tradition in all areas of government and society. Islam guides not only the lives of the people, but also the policies and functions of the government. The Holy Qur'an is the constitution of the Kingdom and Shari'ah (Islamic law) is the basis of the Saudi legal system.

Saudi Arabia is a leader in the pursuit of worldwide Islamic solidarity. It hosts the Muslim World League and the Organization of the Islamic Conference, institutions dedicated to preserving Islamic interests.

In many respects, the Kingdom has been responsive to the needs of the Islamic world. Saudi Arabia contributes generously to the Islamic Development Fund, which provides assistance for community infrastructure projects to the Islamic Development Bank, headquartered in Jeddah, and to the Islamic Organization for Science, Technology and Development. Saudi Arabian leaders also work tirelessly to promote peace and stability in Muslim and Arab countries and throughout the world.


Women’s and Girls’ Rights

In late July, Saudi Arabia’s Council of Ministers promulgated landmark amendments to the three laws that will begin to dismantle the country’s discriminatory male guardianship system.

The changes to the Travel Documents Law permit “anyone holding Saudi nationality” to obtain a Saudi passport, allowing women over 21 to obtain their own passports without their male guardian’s permission for the first time. In mid-August, Saudi authorities announced further changes to regulations allowing women over 21 to travel abroad freely without permission from their male guardian.

The reforms also included important advances for women on civil status issues, whereby a woman can now register her children’s births with the civil status office, which was previously restricted to fathers or paternal relatives, as well as inform the office of a death, marriage, or divorce. The changes allow women, along with their husbands, to be considered a “head of household” with respect to their children, which should improve Saudi women’s ability to conduct government business on their children’s behalf.

Finally, changes to the Labor Law clarified that a “worker” can be female as well as male and introduced a new protection against discrimination in employment on the basis of sex, disability, or age. This major advance should make it illegal for private employers to demand that potential female employees obtain approval of their male guardian to work.

Despite the changes, Saudi women still must obtain a male guardian’s approval to get married, leave prison, or obtain certain healthcare. Women also continue to face discrimination in relation to marriage, family, divorce, and decisions relating to children (e.g. child custody). Men can still file cases against daughters, wives, or female relatives under their guardianship for “disobedience,” which can lead to forcible return to their male guardian’s home or imprisonment. Women’s rights activists who fought for these important changes remain in jail or on trial for their peaceful advocacy.


Saudi Arabia Government

chief of state: King and Prime Minister SALMAN bin Abd al-Aziz Al Saud (since 23 January 2015) Crown Prince MUHAMMAD BIN SALMAN bin Abd al-Aziz Al Saud (born 31 August 1985) note - the monarch is both chief of state and head of government

head of government: King and Prime Minister SALMAN bin Abd al-Aziz Al Saud (since 23 January 2015) Crown Prince MUHAMMAD BIN SALMAN bin Abd al-Aziz Al Saud (born 31 August 1985)

cabinet: Council of Ministers appointed by the monarch every 4 years and includes many royal family members

elections/appointments: none the monarchy is hereditary an Allegiance Council created by royal decree in October 2006 established a committee of Saudi princes for a voice in selecting future Saudi kings

Citizenship Criteria:

citizenship by descent only: the father must be a citizen of Saudi Arabia a child born out of wedlock in Saudi Arabia to a Saudi mother and unknown father

Reconocimiento de la doble ciudadanía: no

residency requirement for naturalization: 5 years

Legal System:

Sufragio:

Legislative Branch:

description: unicameral Consultative Council or Majlis al-Shura (150 seats members appointed by the monarch to serve 4-year terms) note - in early 2013, the monarch granted women 30 seats on the Council

note: composition as of 2013 - men 121, women 30, percent of women 19.9%

Judicial Branch:

highest court(s): High Court (consists of the court chief and organized into circuits with 3-judge panels except the criminal circuit, which has a 5-judge panel for cases involving major punishments)

judge selection and term of office: High Court chief and chiefs of the High Court Circuits appointed by royal decree following the recommendation of the Supreme Judiciary Council, a 10-member body of high-level judges and other judicial heads new judges and assistant judges serve 1- and 2- year probations, respectively, before permanent assignment

subordinate courts: Court of Appeals Specialized Criminal Court, first-degree courts composed of general, criminal, personal status, and commercial courts Labor Court a hierarchy of administrative courts

Regions or States:

Political Parties and Leaders:

International Law Organization Participation:

International Organization Participation:

Diplomatic Representation in the US:

chief of mission: Ambassador ABDALLAH bin Faysal bin Turki bin Abdallah Al Saud (since 28 January 2016)

chancery: 601 New Hampshire Avenue NW, Washington, DC 20037

consulate(s) general: Houston, Los Angeles, New York

Diplomatic Representation from US:

chief of mission: Ambassador Joseph William WESTPHAL (since 26 March 2014)

embassy: Collector Road M, Diplomatic Quarter, Riyadh

mailing address: American Embassy, Unit 61307, APO AE 09803-1307 International Mail: P. O. Box 94309, Riyadh 11693


Saudi Arabia - Politics

Saudi Arabia is the birthplace of Islam and home to Islam's two holiest shrines in Mecca and Medina. The king's official title is the Custodian of the Two Holy Mosques. The government bases its legitimacy on its interpretation of sharia (Islamic law) and the 1992 Basic Law, which specifies that the rulers of the country shall be male descendants of the founder King Abdulaziz bin Abdulrahman Al Saud. The Basic Law sets out the system of governance, rights of citizens, and powers and duties of the government, and it provides that the Koran and Sunna (the traditions of the Prophet Muhammad) serve as the country s constitution.

Islamic Sharia a is the law of the land in Saudi Arabia. The country has no penal code. One of the main sources of Islamic law is the hadith or ascribed sayings of the Prophet Mohamed. Saudi officials base this on their interpretation of hadith and state that this is what is expected of them as the country that hosts the two holiest mosques in Islam, in Mecca and Medina.

The Commission for the Promotion of Virtue and Prevention of Vice (CPVPV), a semiautonomous agency--referred to by some as the religious police --has the authority to monitor social behavior and enforce morality subject to the law and in coordination with law enforcement authorities. Its members have been accused of beating, whipping, detaining, and otherwise harassing individuals. As of June 2014 the CPVPV had 12 branch offices, 129 subcommission offices, and 345 information centers throughout the kingdom.

Continuing its consistent decades-long record, Saudi Arabia received the lowest possible marks for civil and political freedoms in the annual Freedom House rankings in 2014. The countries placed alongside it were North Korea, Turkmenistan, and smattering of the most brutal African dictatorships. Among the punishments distributed is anything from hands and feet being chopped off for theft, lashes for adultery and other social misdemeanors, to beheading, which can be handed down for crimes as varied as sedition, carjacking, sorcery and drug smuggling.

The regime s disregard for any accountability to its people is brazen. There are no national elections, no parties, and no parliament only a symbolic advisory chamber, known as Majlis al-Shura.

Tribal factors and longstanding traditions continued to dictate many individual appointments to positions. Unofficially, government authorities will not appoint a Bedouin tribesman to a high-ranking cabinet-level position, and Bedouins can only reach the rank of major general in the armed forces. All members of the cabinet who were tribal were not members of Bedouin tribes but urbanized Hamael tribes. Exceptions are sometimes made when a person marries into the Al Saud family.

In 1962, then-King Faisal abolished slavery in Saudi Arabia by royal decree. Decades later, migrant workers in the purportedly modern society that the kingdom has become continue to suffer extreme forms of labor exploitation that sometimes rise to slavery-like conditions. Their lives are further complicated by deeply rooted gender, religious, and racial discrimination. Employers or sponsors controlled the departure of foreign workers and residents from the country employers/sponsors were responsible for processing residence permits and exit visas on their behalf. Sponsors frequently held their employees passports against the desires of the employees, despite a law specifically prohibiting this practice. Typically, foreign workers provide sponsors with their residence permit (iqama) before traveling in exchange for their passport to ensure the worker s return to their employer after their travel.

There were Baloch, West Africans, and Rohingya Muslims from Burma however, only a portion of these communities was stateless. For example, many Rohingya had expired passports their home government refused to renew. The UNHCR estimated there were between 250,000 to 500,000 Rohingya in the kingdom some of these individuals benefited from a program to correct their residency status during the year the government issued approximately 200,000 four-year residency permits by the end of 2014. Only an estimated 2,000 individuals of Rohingya origin had Saudi citizenship. There also were between 300,000 and 400,000 Palestinian residents not registered as refugees, as well as between 750,000 and one million Syrian nationals in the kingdom, although most of these arrived prior to the 2011 outbreak of the conflict in Syria.

The Basic Law establishes absolute monarchy as the political system. The goal of the House of Saud has been to make every Saudi citizen in some way dependent on the royal family in order to convince the citizenry that their own personal well-being is tied up with the existing political system. Riyadh's continued inability to provide the standard of living expected by Saudi citizens has encouraged opponents of the regime to push for a greater say in the way affairs in the Kingdom are conducted. These calls for greater political participation are exacerbated by the moves of Saudi Arabia's neighbors, particularly Bahrain, to liberalize their political systems and encourage participation from their citizens.

Because the House of Saud is a weak regime, it is highly distrustful of its own citizens. Principal human rights issues include abuse of prisoners and incommunicado detention prohibitions or severe restrictions on freedom of speech, press, peaceful assembly and association, and religion denial of the right of citizens to change their government systematic discrimination against women and ethnic and religious minorities and suppression of workers' rights.

According to the family monarchy system enshrined in the Basic Law, only a few members of the ruling family have a voice in the choice of leaders, the composition of the government, or changes to the political system. The 2006 succession law created the Allegiance Commission, comprising 34 senior princes appointed by the king and responsible for selecting a king and crown prince upon the death or incapacitation of either. The king serves as prime minister and his crown prince serves as deputy prime minister. The king appoints all other ministers, who appoint subordinate officials with cabinet concurrence. The Consultative Council (Majlis as-Shura), a royally appointed 150-member body, advises the king.

Citizens do not have the right to change their government peacefully. The Basic Law states that the government is established on the principle of consultation (shura) and requires the king and crown prince to hold majlis meetings, open-door events where in theory any male citizen or foreigner may express an opinion or a grievance. A prince or other important national or local official can also hold a majlis. The Basic Law states that all individuals have the right to communicate with public authorities on any issue. The government interpreted this provision as a right to be exercised within traditional nonpublic means, not by the use of mass media.

Political parties are illegal. The Green Party continues to operate illegally. There was no media coverage of the party's activities. The Basic Law does not provide for freedom of association, and the government strictly limited this right in practice. The government prohibited the establishment of political parties or any group it considered as opposing or challenging the regime. All associations must be licensed by the MOI and comply with its regulations. Groups that hoped to change some element of the social or political order reported that their licensing requests went unanswered. The MOI reportedly used arbitrary means, such as requiring unreasonable types and quantities of information, to effectively deny associations licenses.

There are no laws that prevent minorities from participating in political life on the same basis as other citizens, but the dominant societal norms marginalize the Shia population. The Consultative Council included only five Shia members. There were no religious minorities in the cabinet. There were some Shia judges.

Criticism is strictly forbidden: in 2014, prominent opposition activist Abd al-Kareem al-Khoder joined hundreds of the country s political prisoners, when he was sentenced to eight years for demanding the changeover to a constitutional monarchy. Just days before King Abdullah s death, blogger Raif Badawi was given the first 50 of his 1,000 lashes for calling for free speech on his blog.

The courts continue to use corporal punishment as a judicial penalty, almost always in the form of floggings, a practice government officials defended as dictated by sharia. According to local human rights activists, police conducted the floggings according to a set of guidelines determined by local interpretation of sharia. The police official administering the punishment must place a book under his arm that prevents raising the hand above the head, limiting the ability to inflict pain on the person subjected to the punishment, and instructions forbid police from breaking the skin or causing scarring when administering the lashes. Courts sentenced several individuals convicted of theft to be punished by amputation, and there was one confirmed case of judicially administered amputation during 2014.

The law does not provide for freedom of association, and the government strictly limited this right. The government prohibited the establishment of political parties or any group it considered as opposing or challenging the regime. All associations must be licensed by the Ministry of Labor and Social Development and comply with its regulations. Some groups that advocated changing elements of the social or political order reported their licensing requests went unanswered for years, despite repeated inquiries.

The law requires a government permit for an organized public assembly of any type. The government categorically forbids participation in political protests or unauthorized public assemblies, and security forces reportedly arrested demonstrators and detained them for brief periods. Security forces, nonetheless, allowed a small number of unauthorized demonstrations throughout the country, despite a 2011 Ministry of Interior statement that demonstrations were banned and that it would take all necessary measures against those seeking to disrupt order.

There are severe restrictions on foreign travel, including for women and members of minority groups. No one may leave the country without an exit visa and a passport. Women, minors (men younger than 21), and other dependents or foreign citizen workers under sponsorship require a male guardian s consent to travel abroad. According to Ministry of Interior regulations, a male guardian must apply for and collect a passport for women and minors.

Saudi Arabia has frequently used arbitrary travel bans and detentions of Saudis over the years. In many cases the Saudi interior ministry did not inform citizens that they were on a travel ban list or the reasons for the restrictions. Some learned when they attempted to travel abroad. The government reportedly confiscated passports on occasion for political reasons and revoked the rights of some citizens to travel, often without providing them notification or opportunity to contest the restriction. Most travel bans reportedly involved individuals in court cases relating to financial and real estate disputes. During the year 2016 the government banned several individuals engaged in human rights activism or political activities from foreign travel, in addition to hundreds of other travel bans promulgated by the courts.

The number of political prisoners, including detainees who reportedly remained in prolonged detention without charge, could not be reliably ascertained. In many cases it was impossible to determine the legal basis for incarceration and whether the detention complied with international norms and standards. Those who remained imprisoned after trial, including persons who were political activists openly critical of the government, were often convicted of terrorism-related crimes, and there was not sufficient public information about the alleged crimes to judge whether they had a credible claim to being political prisoners.

King Abdallah, who died in 2015, started the reform movement by allowing Saudi women to run for the country s consultative Shoura council and to enter the work force, becoming lawyers, bankers and salespeople. Some recent moves to change the status of women have angered parts of the kingdom s mostly conservative population. Traditionalists, were not used to such quick change and many were afraid, because things are moving too fast for them.

In clashes with conservative clerics back in the 1960s, after King Faisal opened a school for girls in Riyadh, and when the king opened the first TV station in Riyadh in 1965, the government prevailed. Whenever the state clashes with the (conservative) clerical establishment, the state emerges victorious.

On 05 November 2017 numerous Saudi royals and top government officials were arrested as part of an apparent anti-corruption campaign, quickly nicknamed the "Game of Tobes". The moves consolidated Prince Mohammed's control of the Kingdom's internal security and military institutions, which had long been headed by separate, powerful branches of the ruling family. The arrests were conducted mere hours after Saudi ruler King Salman announced the creation of a powerful new anticorruption committee led by his son and heir, Crown Prince Mohammed bin Salman. Well-known billionaire investor Prince Alwaleed bin Talal was among those who have been detained in connection with newly-opened corruption probes.

According to Washington Post, this move was carried out during "a time of unprecedented political, social and economic upheaval in Saudi Arabia as the kingdom seeks to reform its economy and decrease its dependence on oil exports. This development led some analysts to speculate that it was part of the crown prince s plan to secure his power base.

"Knowledgeable observers of Saudi internal politics point to the many arrests of prominent clerics and intellectuals this summer as a sign of tensions inside the kingdom The latest round of arrests only reinforces the sense that the succession debate is more difficult than the king and his son want," Bruce Riedel, director of the Intelligence Project at the Brookings Institution, wrote for Al-Monitor.

The targeting of Saudi Arabia's long-standing elite represents a shift from family rule to a more authoritarian style of governance based around one man, according to Durham University academic Christopher Davidson. "Going after such 'big fish' is intended by MBS and his allies in Abu Dhabi as a signal of MBS' newly-established sultanistic powers," he said, using the widely-used acronym for Mohammed bin Salman and referring to his close ties to the leaders of the United Arab Emirates. "By going after the richest, whether fellow princes or media moguls and construction magnates, MBS is demonstrating that nobody is outside his control, as he is now at the top of a more authoritarian, 'one-man regime', with the old consensus-based, dynastic monarchy of the past century having effectively collapsed at some point earlier this year."

Former CIA officer Bob Baer credited the Saudi royal family's consensus-based approach to rule for preventing a war with Iran up until now, warning Mohammed bin Salman's purge made the country's future stability less certain. "The Al Saud [ruling family of Saudi Arabia] have survived all these years, thanks to a remarkable and unbreakable consensus among their ranks and has avoided war with Iran," said Baer.

Others however considered this development a sign of actual reforms and a message to the country s elite. "Cynics are calling this a power play but it's actually a message to the people that an era of elite indulgence is coming to an end," Ali Shihabi, executive director of the Arabia Foundation think tank cited by WaPo, said, adding that this move will have a wide resonance with the masses since elite indulgence has been a sore issue for decades."


Saudi Arabia Bulldozes Over Its Heritage

F or centuries the Kaaba, the black cube in the center of Mecca, Saudi Arabia that is Islam’s holiest point, has been encircled by arched porticos erected some three centuries ago by the Ottomans, above dozens of carved marble columns dating back to the 8th century. But earlier this month, any vestiges of the portico and columns were reduced to rubble, cleared to make way for the Saudi government’s expansion of Mecca’s Grand Mosque.

The $21 billion project, launched in 2011, is designed to meet the challenges of accommodating the millions of pilgrims who visit Mecca and Medina every year. Around 2 million currently visit during Hajj alone, the annual pilgrimage that happens during the last month of the Islamic calendar. But activists charge that the recent destructions are part of a much wider government campaign to rub out historical and religious sites across the Kingdom.

Over the last few years, mosques and key sites dating from the time of Muhammad have been knocked down or destroyed, as have Ottoman-era mansions, ancient wells and stone bridges. Over 98% of the Kingdom’s historical and religious sites have been destroyed since 1985, estimates the Islamic Heritage Research Foundation in London. “It’s as if they wanted to wipe out history,” says Ali Al-Ahmed, of the Institute for Gulf Affairs in Washington, D.C.

Though the Saudi rulers have a long history of destroying historical sites, activists say the pace and range of destruction has recently increased. A few months ago, the house of Hamza, the Prophet Muhammad’s uncle, was flattened to make way for a Meccan hotel, according to Irfan Al Alawi, executive director of the Islamic Heritage Research Foundation. There have even been rumored threats to Muhammad’s tomb in Medina and his birthplace in Mecca.

A 61-page report, published recently in Saudi Arabia’s Journal of the Royal Presidency, suggested separating the Prophet’s tomb from Medina’s mosque, a task “that would amount to its destruction,” Alawi says. “You can’t move it without destroying it.” Moreover, he alleges, plans for a new palace for King Abdullah threaten the library atop the site traditionally identified as the birthplace of Muhammad. Even now, signs in four languages warn visitors that there is no proof that the Prophet Muhammad was born there, “so it is forbidden to make this place specific for praying, supplicating or get [sic] blessing.”

Wahhabism, the prevailing Saudi strain of Islam, frowns on visits to shrines, tombs or religio-historical sites, on grounds that they might lead to Islam’s gravest sin: worshipping anyone other than God. In recent years, the twin forks of Wahhabi doctrine and urban development have speared most physical reminders of Islamic history in the heart of Mecca. The house of the Prophet’s first wife, Khadijah has made way for public toilets. A Hilton hotel stands on the site of the house of Islam’s first caliph, Abu Bakr. Famously, the Kaaba now stands in the shade of one of the world’s tallest buildings, the Mecca Royal Clock Tower, part of a complex built by the Bin Laden Group, boasting a 5-story shopping mall, luxury hotels and a parking garage.

Saudi officials did not respond to interview requests, but in the past, they have said that the expansion project is necessary to cater to the ever-growing number of pilgrims to Saudi Arabia, a number forecast to reach 17 million by 2025. When it’s done, the expansion of the mataf, the area where the faithful circumambulate around the Kaaba, will treble its capacity, to 150,000 people the Great Mosque will be able to hold 2.5 million.

Amir Pasic, of IRCICA, the culture organization of the 56-nation Organization of Islamic Conference, points out that the logistics for Hajj dwarf those required for a World Cup or Olympics. “Every time has the right to make changes on the existing urban set-up,” he said. “Every generation tries to develop something. The Kaaba is what’s important.”

If Mecca’s new skyline is impossible to ignore, what with 48 searchlights beaming from the top of the Clock Tower, other changes to the landscape are more insidious. “Everyone’s focused on [the two mosque expansion projects], but people are not focusing on what we’re losing in the meantime,” says Saudi activist, poet and photographer Nimah Ismail Nawwab. After blue markings appear on sites mentioned in Islamic histories, says Nawwab, then the bulldozers come–often in the dead of night. “Everything happens at night,” she told TIME by phone from Saudi Arabia. “By the next day in the morning, the monument is gone.”

It’s not just in Mecca, either. Over a year ago, the split in Mount Uhud, north of Medina, where Muhammad was said to have been carried after being wounded in the famous Battle of Uhud was filled with concrete. A fence went up at the base of the mountain, warning would-be visitors that it was just a mountain, like any other. Six small mosques in Medina where Muhammad is believed to have prayed have been locked. The seventh, belonging to Islam’s first caliph Abu Bakr, has been razed to make way for an ATM. Nawwab, along with a small group of historians and activists, has tried to raise awareness by photographing sites and starting a Twitter campaign, but says “it’s a losing battle, despite the fact that what’s being lost is not just Muslim history, but human history.”

When the Taliban blew up the Bamiyan Buddhas in Afghanistan in 2001, they were met with international condemnation. The response to the demolition activity in the Kingdom, by contrast, has been decidedly muted. “When it comes to Mecca, as far as we are concerned it’s a Saudi question,” says Roni Amelan, a spokesman for UNESCO, the United Nation’s cultural body. The Saudi government has never submitted Mecca for inclusion on the list of World Heritage Sites. As UNESCO’s mandate requires a respect for the sovereignty of individual countries, “we don’t have a legal basis to stake a position regarding it,” adds Amelan.

Muslim governments, perhaps mindful of the power of the Saudis to cut their quotas for how many pilgrims can attend Hajj, have been strikingly silent on the issue. The Organization of the Islamic Conference has also been noticeably quiet on the destruction of the Saudi campaign. One exception has been Turkey, whose Ottoman heritage has also long been under threat. In September, Mehmet Gormez, head of the Dinayet, Turkey’s Directorate of Religious Affairs, told journalists that he told Saudi’s minister of Hajj that the skyscraper overshadowing the Kaaba “destroys history,” the Turkish newspaper Hurriyet Daily News reported. “History is being destroyed in the Holy Land each day,” he added.

For pilgrims old enough to remember the dangerous crush of crowds in the 1980s, the spate of new development may be welcome, offering a chance for comfort on their spiritual journey. For other Muslims, like Ziauddin Sardar, author of the recent Mecca: The Sacred City, the vigor of the Saudi campaign springs from financial jitters. “The Saudis know the oil is going to run out,” he said. “Hajj is already their second major source of income, after oil. They look at Dubai, and Qatar, and ask ‘what are we going to do?’ And they say, ‘We have Hajj, and we’re going to exploit it to the max.'”

Carla Power is the author of If the Oceans Were Ink: A Journey to the Heart of the Quran (Henry Holt: April, 2015)


Saudi Arabia agreed to allow female athletes to compete on the national team for the Olympics for the first time. One of them was Sarah Attar, who ran the women's 800 meter race at the 2012 Olympics in London wearing a headscarf. Before the Games, there was speculation that the Saudi Arabian team might be banned for gender discrimination if they didn't allow women to participate.


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